El mole de Frida Kahlo

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(Tope de la cocina de Frida en la casa Azul)

En la cocina de Frida Kahlo comienzan las letras que perpetuarán los recuerdos de mi (nuestro) viaje a México. No sabía por dónde empezar a escribir y de todos los sitios que visité, éste fue uno de los más especiales. La Casa Azul, Museo de Frida Kahlo, está situada en la acogedora ciudad de Coyoacán y fue el lugar donde nació y murió, la famosa pintora, y a ratos vivió con su amado Diego Rivera. Al primer paso, la Casa Azul, me recibió con un jardín frondoso de cactus y flores de colores y  en cada mirar encontraba alguna pertenencia suya: su caballete, su silla de ruedas y muletas, su colección de miniaturas, sus camas  y hasta sus medicinas y casa de muñecas.

La cocina de Frida y Diego todavía conserva su esencia tradicionalista y auténtica. La mayoría de sus utensilios eran prehispánicos y a pesar de que ya existía la estufa a gas, ellos seguían cocinando al carbón. La pintora, que al principio no era muy buena cocinera, aprendió a hacerlo para calmar los malos humores de su esposo; y fue Lupe Marín, la ex esposa de Diego Rivera quien le enseñara a manejarse entre los fogones.

En la entrada de la cocina está pegada a la pared una de las recetas más famosas de Frida Kahlo, la del mole poblano y que escribo a continuación:

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  (Receta explicada en la pared de la Casa Azul)

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(Vista general de la cocina en la Casa Azul)

“Esta cocina es el típico fogón mexicano. Aunque en la época en que Diego y Frida vivieron aquí ya se usaba la estufa con gas, ellos preferían cocinar a la manera antigua, con leña y preparar platillos prehispánicos, coloniales y populares. Muchas de las piezas que decoran este espacio no se realizan más.

Diego Rivera y Frida Kahlo rescataron la estética prehispánica y popular. ‘Si nosotros no somos nuestros colores, aromas,  nuestro pueblo, ¿qué somos? Nada.’ Así lo expresaron en múltiples ocasiones y así lo creyeron, pintaron y vivieron.

Mole poblano

Ingredientes

250 g de chiles mulatos desvenados y despepitados 350 g de chiles pasillas desvenados y despepitados, 350 g de chiles anchos desvenados y despepitados, 250 g de manteca de cerdo, 3 dientes de ajo medianos pelados, 2 cebollas medianas peladas, 2 tortillas duras en pedacitos, 1/2 bolillo duro, 60 g de pasitas, 125 g de almendras, 6 cucharadas de pepitas de calabaza, 125 g de ajonjolí, 1 cucharadita de anís, 2 clavos de olor, 1 raja de canela, 1 cucharadita de pimienta negra, 3 barras de chocolate de metate o al gusto, 150 g de jitomates pelados y picados, sal y azúcar al gusto, 1 guajolote o pavo grande partido en piezas y cocido en un buen caldo hecho con zanahorias, poro, cebolla, una rama de apio, perejil y un diente de ajo (se puede sustituir el pavo por 4 pollos)

Preparación

Los chiles se pasan por 150 g de manteca caliente, se colocan en una cazuela con agua muy caliente y se deja que suelte el hervor para que se suavicen. En la misma manteca se acitronan los ajos y las cebollas. Se añaaden las tortillas, el pan, las pasitas, las almendras, las pepitas y la mitad del ajonjolí, el anís, los clavos, la canela, la pimienta, el chocolate y los jitomates, y se fríe todo muy bien. Se agregan los chiles escurridos y se fríe unos segundos más. Se licua todo con el caldo en el que se coció el pavo y se cuela.

En una cazuela grande se calienta el resto de la manteca, se añade la salsa. Se deja hervir el mole durante 5 minutos, se sazona con y azúcar (debe quedar dulcecito) y, si es necesario se añade más caldo. Debe quedar una salsa más bien espesa. Se deja hervir de 20 a 25 minutos a fuego lento; se le añaden las piezas de guajolote. Se deja hervir 5 minutos más y se lleva a la mesa en la misma cazuela, espolvoreándolo con el resto del ajonjolí tostado.