Manzanas caramelizadas al horno, en 7 pasos

manzana caramelizada al horno

La simpleza a veces es el mejor ingrediente, de ello es prueba este postre de manzanas caramelizadas que se regocija de ser tan saludable como sabroso.

1-. Lavar las manzanas (Rojas)

2-. Descorazonar la fruta

3-. Colocar en una bandeja refractaria

4-. Espolvorear azúcar y canela sobre las manzanas

5-. Colocar una ramita de canela sobre cada fruta

6-. Hornear a 200 °C por 25 minutos

7-. Servir y comer

Torta de cambur

torta de cambur

En Navidad la alacena siempre está llena de comida, y se suele desperdiciar mucho. En esta época donde cambiamos la fruta por el panettone y las galletas, esta receta simple y sabrosa es una forma de aprovechar los alimentos. Esta torta de cambur es versátil, se puede degustar en el desayuno con un poco de queso telita o guayanés; también para el postre acompañada de helado y un café.

Esta receta es mi versión de la torta de plátano de la chef venezolana Ana Belén Myerston, de su receta permanece el toque del azúcar espolvoreado en el molde, que le aporta a la torta un costra crujiente dulce, que se deshace en la boca al morderla. Un detalle que me gustó mucho.

Que disfruten su delicado sabor y el aroma que dejará la canela y el dulzor del cambur maduro en su cocina

Ingredientes:

6 cambures maduros

2 tazas de harina de trigo

200 g de mantequilla sin sal

1 huevo

Canela en polvo

1 taza de azúcar

1/2 cucharadita de polvo para hornear

1/2 taza de leche

1 cucharadita de esencia vainilla

150 g de avellanas (puede usar nueces)

1/2 taza de azúcar adicional

Preparación:

Triturar los cambures hasta que estén suaves, con contextura de puré y sin grumos. En otro bol batir la mantequilla (que debe estar pomada) con el azúcar hasta que se hayan mezclado completamente, añadir el huevo, la leche y el puré de cambures. En otro recipiente combinar la harina, cernida previamente, el polvo para hornear, las avellanas troceadas y la canela en polvo. Luego, unir ambas mezclas.

Aparte, enmantequillar un molde para torta y espolvorear azúcar dentro de él. Verter la mezcla de cambur y cocinar a un horno precalentado a 180 °C por 35 minutos.

Una vez listo, desmontar y servir caliente con queso blanco si es para el desayuno o con helado si es para el postre.

Recomendación: calentar 15 seg en microondas cuando se vaya a comer luego de la primera vez.

Crónica de almuerzos mexicanos

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Un viaje. México DF, el destino. Tres paradas gastronómicas que enamoraron mi paladar.

Con pasos vacilantes va el viajante a su destino, por primera vez. Sin conocer, sino por referencia, se lanza a la aventura gastronómica de platos a los que su paladar es novato. Curioso ante la diversidad, se atreve. Y es que, ¿de qué sirve viajar sino es para llenar la mente de conocimientos, el alma de recuerdos y la boca de sabor?

Llegué a México DF un día con ganas de saborear su historia, y así fue. La gastronomía mexicana es vasta y parece infinita, sin embargo la capital está llena de lugares donde probar los mejores exponentes de esta comida, ya sea en restaurantes o en puestos callejeros, cada uno a su estilo representa el valor culinario que hace famoso a México en el mundo. Tres lugares fueron víctima de mi apetito esa semana.

El restaurante que le gusta a Ferrán Adriá

Caminando por la encantadora Zona Rosa me topé con El Bajío de Reforma 222. Los manteles azules y las paredes decoradas con atavíos tradicionales, destacan sobre este exclusivo y moderno centro comercial. Y como lo tradicional era mi antojo, este fue el elegido.

El Bajío fue fundado por Raúl Ramírez Degollado y Alfonso Hurtado Morellón, en 1972. El original está ubicado en la Av. Cuitláhuac del DF pero después de  30 años cuenta con diez establecimientos, incluyendo el de Reforma, todos bajo la batuta de la reconocida chef Carmen “Titita” Ramírez Degollado, autora del galardonado libro Alquimias y Atmósferas del Sabor, quien se esmera por conservar la autenticidad de la comida mexicana en cada unidad de El Bajío.

El menú contempla platos tradicionales variados donde se puede apreciar la arraigada identidad del mexicano. Yo, seguí las recomendaciones de mi muy amable mesonera y empecé pidiendo unas Garnachas Orizabeñas de entrada, y es que este guiso de cerdo con papas, sobre tortillas de maíz y con picante, son perfectas para encender el paladar. De plato fuerte no podía dejar de probar una de las especialidades de El Bajío, las carnitas hechas especialmente por carniteros de Michoacán.

Y como me gusta investigar los lugares que llaman mi atención, me dispuse a hacerlo con El Bajío. Mi sorpresa fue grande al leer en un artículo de El Economista que este sabroso restaurante había causado “un shock culinario” en Ferrán Adriá (citando sus propias palabras). No sólo eso, sino que este lugar fue su inspiración en el 2012 para un proyecto de restaurante mexicano en Madrid junto a su hermano Albert Adriá, ya que lo calificó como el mejor restaurante de comida tradicional mexicana del mundo, como afirma un artículo de La Vanguardia.

Quizás nunca tenga el honor de conocer al chef catalán, pero puedo decir que compartimos el mismo gusto por la comida mexicana y la misma opinión.

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La cocina flotante de Xochimilco

Entre sus amplios canales, Xochimilco, esconde tantas historias como visitantes navegan sus aguas. El pueblo de Xochimilco, Patrimonio Cultural de la Humanidad, es parte de los 16 delegaciones que conforman el DF, es una zona de tierras fértiles y desde la América Prehispánica su principal actividad económica ha sido la siembra de flores y en esta cálida ciudad, los habitantes vecinos van para adquirir todo lo relacionado a la botánica, pero los turistas, vamos a pasear por sus coloridas trajineras.

Pintorescas barcas, unas 200 aproximadamente, recorren estos calmos canales, se les llaman trajineras, todas identificadas con nombres de mujeres. Yo navegué en Gabriela.

Era un día de semana y no había muchos visitantes, tuvimos el privilegio de tener la barca para nosotros solos y un amable guía a la disposición de contestar mis curiosas preguntas al ritmo de la marimba o los mariachis que paseaban en trajineras vecinas, ofreciendo su música.

En Xochimilco todo sucede a bordo y sobre el agua. La venta de souvenires, serenatas y hasta la comida llega flotando. Cuando el hambre llamó a la puerta, una embarcación más pequeña se remolcó a la nuestra, en ella había una cocina nada improvisada, lista para cualquier exigencia culinaria con un menú lleno de platos típicos. No pensé dos veces para ordenar mi tan deseado pollo al mole acompañado de arroz, también una ración de tacos de cerdo, tortillas con crema de frijoles y ensalada de penca de tuna. La comida estuvo completa con una fría Corona.

La cocina flotante se separó de nuestra barca dejándonos satisfechos. El paseo culminó veinte minutos después, pero Xochimilco permanecerá siempre en mis mejores recuerdos gastronómicos.

El “Indio” Fernández no se equivocó al elegir este lugar para realizar una de sus más inolvidables películas, María Candelaria, que se conmemora con un gran afiche colgado entre los árboles donde se filmó.

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Zócalo desde el sexto piso

Caminar sobre lo que alguna vez fue la ciudad de Tenochititlan, capital del Imperio Azteca, da una sensación indescriptible de atemporalidad que traslada la imaginación a tiempos remotos de guerreros y batallas. Hoy, La Plaza de La Constitución como realmente se llama el Zócalo, es un punto donde converge el turismo con actividades políticas y sociales de los ciudadanos mexicanos.  No tuvimos la suerte de visitar este lugar a plenitud porque en esta ocasión servía de centro de acopio para los damnificados del huracán que hacía pocos días había azotado a Acapulco.

Pero al no poder caminarlo, tuve el privilegio de admirarlo desde el balcón de Puro Corazón. Este restaurante al que llegamos invitados por uno de los tantos promotores que cazan comensales en las calles aledañas al Zócalo, queda en el sexto piso de un edificio antiguo y alberga en él un menú de comida tradicional mexicana y algunos platos prehispánicos.

Al entrar, la mirada se maravilla con la Catedral, que en todo su esplendor se irgue  frente los humildes ojos de los turistas. Manteles de colores, de textiles tradicionales adornan las mesas de Puro Corazón, en una pared se hace honor a María Bonita y amables mesoneros ofrecen lo mejor de la carta.

Para empezar, ordenamos unas Picaditas, ración de tortillas fritas con crema de frijoles, queso blanco, perejil con picante de chile verde. Una muy buena elección para preparar el estómago al manjar siguiente. La “Copa de Mar” representó el segundo plato, una variada selección de frutos del mar, calamares, camarones y pescado blanco, en salsa de jitomate con aguacate fresco.

Pero no se acabó ahí, el broche de oro fue el “Templo Mayor” y como su nombre lo indica, este plato fue supremo. Un corte de lomito a la parrilla con guacamole, y una presa de pollo al mole acompañado de tortillas y crema de frijoles negros. Todo en un plato, era una combinación de lo mejor de México. Y es que este plato no podía ser menor ya que lleva el nombre del recinto religioso y político de los aztecas.

La cerveza Indio, de color oscuro y sabor penetrante es una de las más antiguas de México, con 120 años de existencia, y fue la elegida para maridar el almuerzo en las alturas. Una excelente opción para conocer la diversidad de cervezas mexicanas, además de la popular Corona.

Y así, con un trago de tequila reposado 100% agave, culminaba la comida frente a la Plaza de la Constitución. Este era el último día en el DF, y aprovechamos el tiempo de la sobremesa para mirar en silencio la vista que nos brindaba el balcón de Puro Corazón y no hubo mejor que recuerdo que el Zócalo desde el sexto piso.

Dedicado a Mauricio Escobar